Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA (Universidad Católica Argentina), “mientras que en 2004 el 12,8% de los hogares alquilaba la vivienda en la que vivía, en 2009 el porcentaje ascendía al 15%”. Y aclara que “si bien en algunos pocos casos existen propietarios que alquilan sus viviendas a terceros y ellos, a su vez, rentan otra unidad habitacional para vivir, en la mayoría de los casos el alquiler es un indicador de déficit habitacional e impacta, entre otros aspectos, en la renta disponible de los hogares, ya que, a diferencia de los propietarios, del ingreso corriente es necesario descontar mensualmente el monto del alquiler”.

Según este informe, entre fines de 2007 y fines de 2009, en promedio, los alquileres pagados por los inquilinos subieron el 62,1%. En tanto, las mediciones privadas marcan que en 2010 siguieron subiendo otro 15%. Así en tres años, los alquileres acumulan un alza del 86,4%. Para el mismo período, el INDEC registró una suba promedio de los salarios del 80,7%. En cambio, “llamativamente” en estos tres años, los alquileres, para el INDEC se encarecieron apenas un 30%. “Si se examina el precio promedio de los alquileres por condición residencial, se aprecia que el mayor aumento bienal, con un 97,4%, se produjo en las viviendas ubicadas en villas y asentamientos. Por el contrario, la menor variación se dio en los segmentos urbanos de clase media, donde el incremento rondó el 51,5%”. La conclusión del Observatorio es que “esto está indicando un proceso de tipo regresivo, por cuanto los sectores más vulnerables ­que no cumplen con los requerimientos para alquilar viviendas en áreas con trazado urbano -fueron los más afectados por la indexación en los alquileres, en contraposición a las clases medias que tienen otras posibilidades e incluso pueden acceder al crédito hipotecario”. Para el informe de la UCA, este proceso está estrechamente vinculado con el incremento de villas y asentamientos en la última década. “Por tener nuestro país un déficit estructural de vivienda y a partir del propio crecimiento vegetativo y de los flujos migratorios, la demanda de unidades habitacionales en los segmentos más pobres llevó a que los precios de los alquileres en el contexto de las villas y los asentamientos subieran sensiblemente más que en las zonas con trazado urbano. El mismo fenómeno regresivo se dio al interior de estas últimas. Los barrios de clase baja experimentaron un incremento mayor que los de clase media”. Fuente: Inmuebles Clarín